Nuestra vida es igual de compleja que nuestras mentes. A veces, necesitamos que la casa de derrumbe para darnos cuenta el valor que le asignamos al ocio natural humano, cuanto descuidamos su estructura interna. La salud no es más que el funcionamiento biológico de nuestros cuerpos. EL problema es que a veces la mente influye demasiado en ese mecanismo, por esa razón el estrés se desenvuelve inertemente como un fantasma que nos sorprende de golpe, alguna noche donde el pecho duele más que nunca. Me preocupa ver que todos somos iguales y que tal vez tengamos que arriesgarnos a morir para ver que hay cosas más complejas que el trabajo, el dinero, los impuestos, las responsabilidades y hasta nuestras relaciones sociales. Los problemas se organizan de una manera jerárquica, todos nos afectan, pero cuando se nos presenta la muerte aunque de manera omnipresente, tenemos que visualizar el punto de la pirámide. La muerte es el fin, y además, es la demostración perfecta de que a veces uno enloquece por pequeñeces que no merecen nuestra más mínima atención.
La palabra prevención parece haber sido olvidada, postergada por razones obvias. O ningún ser humano es digno poseedor de la disciplina de prevenir, o la aceleración de nuestros sucesos diarios hace que no tengamos tiempo de reflexionar sobre nuestros supuestos futuros. Prevención no es solo hacerse un estudio médico, o ponerse una vacuna. Es decir lo que uno siente en el momento preciso. Es reconocer un error en el instante en que uno lo observa. Y también es rejerarquizar nuestros valores vitales.
El corazón es un órgano fundamental para el funcionamiento correcto de nuestra biología. Pero también es un símbolo abstracto que expresa nuestras estaciones del ánimo. El corazón se para por una consecuencia mecánica y errática de alguna de sus arterias, pero también detiene su pulsar porque sabe entristecer como forma de expresión. A eso que a veces se le dice estrés, yo le llamo tristeza. El corazón paraliza cuando ya no siente felicidad, cuando uno olvidó de ser feliz. Los seres que entristecen mueren.
La velocidad de las acciones diarias no puede ser más rápida que el viento. Nuestro tempo personal debe ser revisado aquí y ahora. Es momento de que dividamos nuestras veinticuatro horas en adagios, alegrettos o prestissimos. Correr por correr es ubicar el horizonte en nuestras espaldas.
Dependiendo de la educación y del contexto social y económico en el que uno nace, organizamos nuestra vida de algún modo. Buscamos crecer y educarnos a la par. Vamos a la escuela obligados hasta que reconocemos las razones del por qué uno debe pasar seis horas de su vida en esa institución. Por motivos culturales nos aseguramos de terminar el secundario. Allí debemos tomar decisiones, como por ejemplo, elegir algún camino que casi siempre se bifurca en dos: estudiar o trabajar. Paralelamente nuestro foco de atención más importante está ubicado en el cómo nos relacionamos con las demás personas. En que ámbito nos relacionaremos y de qué modo. Con quien. Allí, aparece el ser multifacético. Aquel que decide trabajar, aquel que decide estudiar (estudiar y trabajar) y aquel que decide no hacer ninguna de las dos cosas. Trabajando se solucionan (en general parcialmente) cuestiones que tienen que ver únicamente con el dinero. Aparece aquel que tiene la posibilidad de estudiar independientemente de las cuestiones económicas. Y luego aquel, que para estudiar debe trabajar. Entonces, ¿absolutamente todo gira alrededor del dinero? Desgraciadamente sí, porque vivimos sumergido bajos las aguas de un sistema horroroso.Elementos como la política, el poder, el dinero, el individualismo, más dinero, el egoísmo y la poca conciencia social hacen de esta ciudad un hábitat sumamente desagradable.
En Rosario hay mas edificios que posibilidades no de ser alguien en la vida en materia de logros individuales, sino, de darnos cuenta quienes somos en sí mismos, que queremos y como lo podemos conseguir. La gente está loca, pero no nació así. La ciudad con sus imponentes edificios y sus discursos políticos trata de mantenernos dominados como perros callejeros. Todo es una fachada horrible, porque aquí lo que está en juego es el dinero. Hay zonas que tienen agua potable, hay zonas que carecen de ella. Hay zonas en donde hay policías de chaleco naranja transitando las veredas y hay zonas en donde la calle es tierra de nadie. Hay zonas en donde viven los ricos y hay zonas en donde viven los pobres. Zonas, zonas, zonas. Basta de zonas. Hace más de veinte años Fito Páez escribió un disco al que denominó Ciudad de pobres corazones, título que no encierra la idea en su totalidad, y que sí denota su universo plural en una frase de la canción: En esta puta ciudad, todo se incendia y se va, matan a pobres corazones. Esta es una putísima ciudad, como todas las ciudades.
La locura de la gente no es algo freudiano, ni psíquicamente explícito, es una especie de enfermedad multiorgánica producida por las constantes decepciones que producen la política, el estado, y el sistema. Todo cuesta demasiado. Vivir, trabajar, estudiar, relacionarse con la sociedad. Lo terrible es que el costo no es temporal, no es energético; es económico, siempre terminamos hablando de dinero. ¿Hasta cuando debemos permitir vivir nuestras vidas muriendo cada día? Es terrible ver a la gente como vapostergando sus sueños hasta el punto de borrarlos de sus planes.
Hasta aquí he llegado. He decidido ser yo, y que me toque ser alguien porque quiero ser ese. El que quiera ser médico, bombero, verdulero, periodista, banquero, recolector de basura, que lo sea, esas seran sus profesiones. Yo voy a escribir y voy a hacer música. Y si tengo ganas de pintar una pared de color naranrojiverdeazulado lo voy a hacer, aunque ese color no exista y aunque no tenga pinceles. Me voy a alimentar de sueños, de música y de expresiones que el arte es capaz de darme, la caca que coma será solo para que mi cuerpo siga funcionando. Porque voy a morir, como vos, como él y como todos. Puedo morir ahora, mañana o dentro de cincuenta años, eso tal vez yo no lo decida. Pero si hay algo que ya decidí; ¡Que voy a vivir como quiera carajo!
Estoy cansado de que me cagues. Cansado estoy. No puedo estar todo el día atrás tuyo, simplemente no puedo. Ya se, te vas a quedar callada como siempre, y con esa cara de tierna inocente vas a venir cuando menos lo espere, y vas a apoyar tu cara sobre la mía, me vas a dar un beso y vas a creer que ya te perdoné.
A veces no entiendo como tus aguas de la comprensión se filtran en las de la injusticia. Yo que te elegí, y vos sabiendo que en el fondo a pesar de todo te amo, y te alimento a cada segundo.
El otro día estabas triste, me di cuenta. Yo se que de vez en cuando te gusta salir, pasear por ahí, pero viste como tengo la pierna, el médico me dijo que todavía no es bueno salir. Sabes que cuando René me va a cobrar la jubilación, le pido que compre algo para retribuirte con algún regalito. Yo entiendo, uno no elije a los padres, pero sos lo único que tengo. ¿Que objetivos puede tener un viejito de setenta y cinco años….?
Sos lo único que tengo, lo único que me queda. El otro día cuando enterramos a mama sentí que ya no quería seguir viviendo. Ella era tan buena. Nos faltaba tan poquito para las bodas de oro. Me acuerdo y me pongo así. Pero después me recompongo porque te tengo a vos, porque educarte me hace recordar a mis años mozos de buen padre. Ya me voy a poner bien y te voy a llevar a pasear por la plaza.
A pesar de lo que digan, yo se que vos me escuchas atentamente cuando te hablo, que entendés perfectamente lo que digo. Entonces te pido que no cagues más en la cocina. Ya te enseñe a hacerlo en el diario viejo que puse al lado de tu canastita.
Aunque seas cachorrita, tenés que dormir en tu camita y hacer caquita en tu bañito.
Escuela. Viernes. Día literario, donde los chicos leen lo que la profesora les pidió que escribieran el lunes. Esta semana la temática era: lo que vieran durante los cuatro días. Todo. Generalmente las temáticas que Marta intenta prácticamente incrustarles son simples y cotidianas. Mas que inducirlos a escribir, ella pretende introducirlos en la realidad que de a poco se van a ir dando cuenta que la van a comenzar a querer, no a Marta, sino a la realidad. Será que Marta los detesta; no a los chicos, sino a que, todo el mundo la ande criticando, no a ella, sino a la realidad.
Cecilia levantó la mano. Por favor, lea Cecilia dijo Marta -con cara de enojada pero contenta porque su alumna preferida fue la primera en levantar la mano, en gratificarla, respondiendo a su casi propia obsesión que les arroja a los chicos sus puñados de irrealidad.
Durante toda mi semana, vi muchísimas cosas. Primero mi papa, el lunes cuando me pasó a buscar por el cole, me llevó al Shopping. Después el martes, cuando me pasó a buscar por inglés, me llevó al Cine. Después el miércoles, cuando me pasó a buscar por centro me llevó a lo de Chuchi porque hicimos un pijama Party. Después el jueves, cuando me pasó a buscar por la casa de Chuchi me llevo al Gimnasio. Y cuando llegamos a casa, me ayudó a escribir esto…y ahora estoy acá, jaja.
Muy bien Cecilia, ya casi te estoy por poner un diez…Bueno, ¿quien más quiere leer? –preguntó Marta con su cara derrochadora de sonrisas-. ¿Nadie? –re preguntó sospechando de que a los chicos, o no le gusto la temática, o no tuvieron tiempo para escribir-. Bueno…a ver….entonces voy a elegir a uno de la lista. Mmm…a ver…usted Joaquín. Es que anoche la terminé y justo me puse a cambiarle el agua a los peces y se me…tiene un cero Joaquín. No profesora. Tiene un cero dije. Otro…a ver….María Candelaria… ¿La hizo? – preguntó comenzando a fastidiarse porque definitivamente estaba segura que había fracasado la temática-. Sí, la hice.
Pretendo comprenderte. Pretendo satisfacerte. Te pongos cosas, me adapto al contexto de la actualidad y hasta te coloreo si hace falta hacerlo. Es que cada día me siento sapo de otro pozo. ¿No ves cuando ningún chico me mira, cuando hablan con todas menos conmigo? Sí lo viste, yo se que lo viste. Ya no se que puedo hacer. Hasta te colgué cosas, te hice dibujos. Ya no se mas que hacer con vos.
Lo escribí frente al espejo. De hecho, estuve toda la semana allí –agregó María Candelaria frente a la maestra que puso cara de no comprender demasiado- Gracias María Candelaria –dijo Marta para evitar inspeccionar sobre el comportamiento raro que esa alumna había tenido al escribir semejante cosa, sin comprender realmente lo que quiso decir-.
Yo si se lo que quiso decir María Candelaria. Esta ofuscada por la edad supongo, siempre se la agarra conmigo. Y muchas veces me doy cuenta de que no sabe distinguir si es el reflejo en el espejo quien le habla a la cara o es la cara quien le habla a la cara que se refleja en el espejo. O es una charla entre la consciencia y lo visible. Entre ella y yo.
No lo puedo creer, volvió. Después no quiere que lo maten. Me busca todo el tiempo, desde hace meses, sobre todo cuando cae la tarde y la noche comienza a asomar. Por momentos se aleja de mí, pero se que en cualquier momento puede regresar. Me pregunto si se percatará de que ese es un terrible acto de histeria. No, no creo, porque de “acá” es tan vacío que ni creo que pueda tener capacidad intelectual para darse cuenta de esos histeriquéos que no soporto. Es lo peor que me pueden hacer en la vida. Que sí, que no, que sí, que no. Encima ahora esta de moda que la mujer se encare al tipo, no lo puedo creer, como cambian las modas boluda, ¿no? Otra vez. Me esta buscando sin parar. No me deja en paz este bicho. Mira…es feo, encima no hace nada, son todos iguales. Son tan parecidos. Si, ¿no te parece? No ya se, salvando las distancias, ¿no te parecen parecidos? A los hombres, ¿a quien va a ser? Yo vendría con un extinguidor y los mataría a todos…No, no estoy loca, pero son insoportables, además vienen, te pican y se van, vuelven, te pican y se van, todo los hombres son iguales. Te sacan sangre a mas no poder, así son los hombres...¡Claro claro! Seguramente a vos nunca te toco un Juan Pablo, que estaba todo el día tirado fumando marihuana, no trabajaba, no hacia nada y encima siempre le tenia que andar pidiendo plata de más a mi papá para mantenerlo. Y para colmo era músico y se la pasaba escribiéndole canciones a otras minas. ¡Uy que histérico! ¡No lo soporto! Todas las temporadas dicen que van a fumigar pero viste...la verdad, no parece…
Ahí lo tenés en la pierna. Ahí. Lo maté. No, esta vivo… ¡Pisálo! ¡Pisálo! ¡gsrspppshhh!
Esta lleno, y encima con el calor…Mira toda la sangre que me saco…Por eso odio a los hombres…digo…a los mosquitos...
Nino cierra al mediodía y después de su inviolable siesta vuelve a abrir a las cuatro. Hace más de veinte años que heredó esa peluquería que aprendió a querer y que en un principio supo odiar. Ubicada en la esquina de Avenida Francia y Riobamba, es un espacio obligado para los chicos que empiezan las clases y sus madres decididas a parecer buenas madres los llevan a hacerles el peor corte del momento, si de gustos personales hablamos. Yo les haría otra cosa, que se yo…
Cuando se acerca el fin de semana, aparecen algunos coquetos que bastante envejecidos buscan la esperanza en el renacimiento capilar. Nino los conoce a todos, sus mañas, sus idiolectos, y por eso se adapta a cada uno de ellos, por circunstancias obvias, parte del trabajo del peluquero es entretener al cliente, conversar, ubicar un chiste tras otro, chistes de salón uno tras otro.
Los viernes cierra temprano y se da una escapada hasta el supermercado. Atraviesa el cementerio El Salvador y va pensando cuantas monedas puede gastar de más, a ver si esta tarde se puede comprar ese wiskycito que tanto anhela, pero que tanto cuesta.
Los precios subieron respecto a dos viernes atrás, con lo justo compra el de siempre. Cuando llega se prepara una vaso sin hielo (si no, no tiene fuego), pone algún partido (no le gusta el fútbol, pero es un gran hilo discursivo para lo clientes, tiene que estar actualizado) y en la mitad del segundo tiempo comienza a quedarse dormido. Telefonea a su hija, ella se esta divirtiendo con sus amigas en algún bar, pero el quiere saludarla y saber que esta bien, y llevar tranquilidad de padre a su cama. La ama mucho, a veces demasiado, eso produce un poco de ofuscación en Lucía. Los adolescentes son así le dicen las vecinas para consolarlo, no hay que estarles todo el día encima Nino, vos sabes como son. Once en punto, repasa los poemas que mas le gustan de un libro de Benedetti que le presto un cliente, extraña a su mujer, la extraña mucho y se duerme.
Todas las madrugadas aNino lo despierta el mismo sueño. Esta pescando con su hija y su mujer, tropieza con una piedra y cae al río; comienza a ahogarse y desde el fondo ve la cara de su madre retándolo porque no hizo la tarea. Cuando esta por morir despierta. Agobiado, empieza a transpirar y siente mucha pena. Baja a tomarse un vaso, mira algunas fotos viejas y cuando sus ojos vuelven a cansarse regresa a la cama.
Esa noche despertó escapando de la misma muerte de siempre. Bajo por el vaso de agua y escucho algunas voces murmurando. Venían de la habitación de Lucía. Se sentía muy cansado, y estaba triste, muy triste estaba. Eso podía alterar su audición, así que se acerco a la puerta y apoyo levemente su oído sobre la madera. Su hija gemía de placer. Un hombre la estaba satisfaciendo sexualmente.
_Así, me gusta, me gusta mucho, por favor no pares…Un poquito mas abajo, así…me encanta, me estas matando, ¡que bien que me la chupas por dios!
Pensó en entrar y matar a ese tipo. A ese hijo de puta que le estaba haciendo sexo oral a su hija de apenas veinte años, que se la estaba arrebatando de sus brazos, de sus propios brazos de padre. Escuchaba todo, ya no quería oír más, se quería ir, en realidad no, quería quedarse porque no podría volver a su cama pensando que su hija estaba ahí con ese depravado que la estaba violando, sí, la estaba violando. No es que la estaba violando literalmente, pero sí, para mí la estaba violando. Es una nena, es mi nena. Como se atreve este pendejo de mierda a ser tan osado en mi propia casa, con mi hija. Mi nena. Pero ella también tiene la culpa porque…No puedo creer lo que esta pasando, como puede ser tan insolente ese hijo de puta. La culpa es de ella porque es una atrevida…en mi casa. En la propia casa de su padre que la ama, es lo único que tengo, (¿por qué?) -se preguntó muy angustiado-
Bajo las escaleras lentamente, pensó que no era su culpa, la ausencia de su madre había sido fundamental en la vida de Lucía. Nino lo comprendía, porque la ausencia de su mujer y también la de su madre habían sido fundamental para él. En su sueños, ya no podía escapar ni de sus sueños, así que baje a la peluquería, tomé la navaja mas filosa, me senté en la silla nueva y me corte el cuello. Sí, me corte el cuello porque no puedo soportar otra ausencia. Se me cierran los ojos, me siento cansado, me gustaría decirle a Lucía algo, pero ella ya no me quiere, me abandono. Se me cierran los ojos, me siento cansado. Otra vez estoy pescando, otra vez me tropiezo y…me tropiezo y…me tro…p…i…e.
La poesía es una doncella que nunca enriquece, una peregrina que guía hacia el sosiego a los verbos tristes que yacen en la plenitud de su sometimiento, que exploran los caminos de la agonía.
Viejos galanes aquellos coronados de la palabra, sabios impedidores de sus propias vivencias que solo cobran vida en sus propias prosas.
La poesía no solo es una visión infiltrada en los pechos, es una ráfaga de inspiración que dispara fuegos y que obliga a la mente a incursionar los propios caminos de la inmensidad de las luces. Una sola vez vi sus ojos y es mujer, sí, es mujer, porque sabe coquetear con el fulgor de su belleza y con esa mirada de deseo te deja. Se frota las piernas y se aleja.
Nocturna, aparece justo de pronto cuando el poeta reposa sobre los brazos del estímulo, en su lecho, acariciando a otra mujer. Poesía, poesía. Poeta, poeta. Con que entereza despachas tu osadía, y así, me robas todos los destellos de la creación, todas las noches más tristes del mundo.
Lejos de entorpecerlo estoy, lejos estoy de negarte. Porque impedís que me lastime la imperceptibilidad, que los silencios no me encuentren, que no lo hagan nunca más. Porque soy un esclavo que se rinde a tus pies, un cautivo de tu voz, que me dicta en mi mas terrible oscuridad lo que mi mente no se atreve a decir. No dice, no porque no sepa decir. No dice porque la ilusión del vigor es la característica más insoslayable del varón.
A veces, te juro que te odio. Te odio porque cuando me miras así, con esa mirada necia en alternancia con soberbia, siento que no sos vos, que sos otra persona quien se presenta en la disputa de un cuerpo. De pronto, cuando la discusión parece avanzar en la plenitud del fuego, vos cedes. Cedes como cuando la luna y el sol se ceden el cielo. Entonces vuelvo a recordar que aun te amo, y siento que tengo ganas de decirte que estrechemos nuestras bocas en un acto de paz.
No es fácil decirte esto, pero de verdad te odio. Siento que me haces vivir un mundo irracional y de ensueños. Será porque casi nunca peleamos y las parejas siempre pelean, siempre discuten por pequeñeces que a su vez, se guardan el rencor para no seguir empañando su relación. Pero esas pequeñeces luego surgen como fuegos extraños y fomentan nuevamente una nueva y cada vez más terrible pelea. ¿Estaremos disputando algún tipo de poder? O será que con naturalidad en una relación de dos personas surge un líder, como quien desea hacerse cargo del barco. Yo creo que si hay un líder, soy yo. Lo demuestra el tiempo. Fui yo quien supo amoldarte a mí, fui yo quien te enseño a compartir un puñado de nada, una migaja de todo.
Te odio, porque se que vamos a tener altibajos y que en vez de sujetarme las manos, podrías dejar que la soja se cortara con sus propios filos. Será por desconocimientos de convivencia, o por el apuro de amar y de sentir el compañerismo, pero sospecho que hay platos que crees que merecen volar por nuestros techos. Vos me conoces; en realidad, no se si me conoces. En fin, lo poco que conoces de mi, te permite suponer que soy un tipo abierto, que la tranquilidad gobierna mis días y que tan solo un segundo tardaría en buscar la paz luego de estar en guerra. Sabes que soy comprensivo, en realidad no se si sabes. Pero en fin, yo decidí elegirte y que me elijas. Por mi es que esta relación tiene un lazo creciente futuro.
Te amo, porque vos me haces sentir seguro. Seguro de mi mismo. Confirmas cada día que si te elegí es por algo. Sabes que no hace falta preguntarte por que me elegiste, supongo que sentirás ese privilegio de haber encontrado lo mejor. El otro día si te insulte de ese modo es porque uno siempre anda con problemas, y no hace mejor cosa que agarrárselas con la persona que tiene al lado, con la menos indicada si hablamos de merecimientos. Por eso te pido perdón, vos sabes que soy un tipo tranquilo, que lucha por encontrar la serenidad en nuestros corazones.
Te odio, porque se que te voy a odiar en el futuro, cuando prefieras pasar mas tiempo con tus amigos que conmigo, cuando te pongas del lado del enemigo en vez de defenderme ciegamente, como deben hacer las parejas, como hacen todas las parejas. Perdona que el otro día te hice poner mal. Pero te lo tenía que decir. Me costaba mirarte a los ojos y con mi faceta de mentira, esa que sabes que no puedo esconderte, no me quedo otra posibilidad que expresar la verdad, mi verdad. No tuve otra opción, si decidí encamarme con esa mina es porque en vos no encontraba ese pecho que me tiene que abrigar día y noche, minuto a minuto. Tampoco le voy a echar la culpa al alcohol, pero de cierta manera mis sentidos estaban demasiado alterados. No es que uno no recuerda nada, ni tampoco estaba inconsciente, sabia perfectamente lo que hacia. Solo que nuestros pies tocan el suelo demasiado tarde. A veces me pregunto si en una relación hace falta esa pizca de infidelidad para ser mejor persona en la pareja. Si, mejor persona, porque al otro día que uno comete ese acto pareciera demostrarle a su pareja lo que no le demostró en meses, o en años. Como si te amara como jamás te ame, solo por el contacto de mi cuerpo con pieles ajenas. Por eso cuando apenas tengo un orgasmo con una desconocida, desearía tener un botón en el extremo de mi cama, que al apretarlo, un tubo de vidrio se la llevara en el acto. Solo pensaba en vos, te juro que solo pensaba en vos. Te extraño, extraño tu mirada.
Te odio porque se que si te lo digo, te vas a enojar tanto tanto que en mi cabeza no esta la posibilidad de que lo comprendas. Tal vez por tu pensamiento conservador, o por tu negligencia a veces absurda, pero de todas formas, se que es muy difícil comprenderlo. Si me lo hicieras a mi, yo no lo perdonaría. Vos sabes que no hay ninguna chance de que te perdone ese acto. Así que si lo hiciste o lo vas a hacer no me lo digas, es mejor que te lo guardes porque no hay mentira más piadosa que la que te permita seguir adelante sin vincular la razón con el sentimiento, explicaciones basadas en hechos reales, sin corazón.
A veces te odio, a veces te amo, a veces te espero, a veces te olvido, a veces…te anhelo. Lo cierto es que me gustaría conocer a una mujer como vos. Me gustaría sentir estos matices de las relaciones. Admito que en una relación uno es donde mas aprende, en ese día a día. Pero confío en mi basta experiencia, yo se que no es propia, pero mis amigos tienen novias, conozco a gente casada, también lo vi en las películas. Yo se que tengo que hacer para llevar adelante una pareja, cuando vengas, confía en mi. No se si llegaras, no se si serás esa mujer quien creo que sos. Por suerte ya estoy preparado, admitiendo que nadie en este mundo es superior a nadie y aunque se me considere anacrónico, estoy listo para aceptar mis errores con una gran autocrítica, como ningún hombre, creo yo, suele tener.
Primer paso en la provincia de Salta. Una ciudad sobre la cual la ruta 40 se desplaza suavemente como una alfombra negra sobre la tierra marrón y el verde donde aparecen la cabezas de esos seres verdes con cuerpos esbeltos y amarronados y sus pies atraídos por sus madre navegando entre sus brazos. Esos seres que con su leche bordo alimentan el corazón de los poetas y sus lagrimas abrazan a los abandonados y desahuciados, que ya desalmados beben de esa poderosa savia. Esos seres que nacen y crecen para ser grandes vinos.
A la izquierda de la 40, pasando el camping Luz y Fuerza, bajo de una parra de uvas hay un puesto de comida, donde su hábil dueño, Don José, cocina las mejores empanadas de Salta, que su mujer, Francisca, prepara con una vieja receta perfeccionada por ella misma.
Primera impresión de una grandiosa ciudad que abre su pecho carnavalesco para quien se atreva a sacarla a bailar.
Los años nuevos, allí son mas nuevos que en ningún otro lado. El 31, apenas amanecimos (tres de la tarde), comenzamos con los preparativos para despedir el dos mil ocho. Teníamos que tener en cuenta algunos factores. Primero, que estábamos en un camping, segundo, que éramos muchos, alrededor de trece. El debate duro poco, choripanes y damajuanas. Nada de entradas, nada de asado, nada de complejidades absurdas para el momento que deseábamos pasar. Pronto vino la noche, así que se ofreció un asador y los demás empezamos a preparar lo demás.
Los choripanes están listos, las damajuanas destapadas, los guitarreros ya afinaron sus guitarras, hay tambores, guiros, shakers, y muchas voces cantoras esperando el momento. Son las 12. ¡Feliz año nuevo para todos! Hace cuarenta minutos que hable con mis viejos. Mi mama, me llamo mil veces porque todavía no comprendió que hay una diferencia horaria y acá tarda una hora más en llegar el año. Le explico, pero simplemente pregunta sobre mi alimentación, sobre mis abrigos y cosas así.
Tuvimos algunas propuestas de festejo. La plaza, algún boliche, y Ñanta, que si no es el mejor bar del universo pega en el palo. Nuestras amigas porteñas llegaron al camping y entre todos decidimos ir un rato a la plaza y después a Ñanta. La plaza principal es el primer destino. Es la única de todo Cafayate, plaza típica con un monumento en el centro, bancos distribuidos por los andariveles, flores y farolas que la adornan. Plaza típica, pero especial e inconfundible. Comenzamos a tocar, y enseguida armamos una gran ronda junto con otra gente que también había elegido la plaza como destino de festejos.
A las dos y pico decidimos ir a Ñanta. Como dijo anteriormente, debe ser el mejor bar del universo. El lugar es pequeño, divido en dos sectores, uno es cerrado, donde esta la barra y el otro es al aire libre. Pasan música muy diversa, pero todos los temas tienen un núcleo denominador: su ritmo. Ritmos caribeños, colombianos, argentinos, brasileros, uruguayos. Todas producciones creadas para que si tu cuerpo no tiene swing (como el de todos nosotros) lo inventes en el acto. La dueña de Ñanta es una chica joven, oriunda de allí, atiende la barra y no para de sonreír un segundo. Esa noche, saco un bongo y nos lo presto para que tocáramos. Todos en su salsa, si no era una chica, era un trago, un amigo, o simplemente bailar con uno mismo, todos aferrados a algo, a alguna ilusión que solo produce alegría en los cuerpos de unos jóvenes viajeros. Fue una noche inolvidable, la primera del dos mil nueve, entre amigos. Entre amigos viejos, y también nuevos, porque es común salir de allí abrazado con alguien que conoces.
Noche inolvidable también porque de ese fenomenal suburbio, surgió un nuevo ser. Un ser que se alimenta de la oscuridad, de las sonrisas, de las barras sacudidas por los borrachos mas simpáticos. Un ser que embellece cuando una mujer danza en contacto con sus ojos. El Hombre Caravana. El ultimo en irse a dormir, el primero en fomentar la algarabía sexual de la juventud. El único que alguna vez estudio el menú de un cabaret. El rey de reyes nocturnos. Con su camisa abierta, su pecho al viento, es capaz de conquistar a dios y al demonio al mismo tiempo.
Cafayate es cuna de las siete cascadas que llora el río Colorado. Es muy dificultoso recorrerlas a todas, generalmente se llega hasta la tercera o la cuarta. El camino es muy arduo y peligroso. Piedras gigantes, arbustos y la corriente del río un poco enojada, como si no le agradaran tanto las visitas. Hogar del Mirlo, allí no hay sendas ni senderos, uno tiene que ir trepando por las piedras y esquivando los arbustos. Cuenta la leyenda de un hombre que sacrificó su vida por los demás excursionistas. Lo llaman el Hombre Represa y enfrenta a la corriente del río con su pecho para darle paso a sus compañeros. Valentía de este hombre, u omnipotencia tal vez. Dicen que una vez, al llegar a la cuarta cascada, intento proteger a su gente desafiando al río, asumiendo el papel del hombre represa, pero no pudo con la prepotencia de la corriente. Dicen que se lo llevo en segundos y él, en vez de sentir miedo grito “no se preocupen por mí, volveré”. Nunca mas se supo sobre el paradero del hombre represa. Algunos dicen que vive en una cueva, debajo de una de las cascadas. Lamentablemente solo lo conozco por la leyenda, pero tengo amigos que aseguran haberlo conocido.
Otra de las excursiones recomendables es la del recorrido por los viñedos. Lo que si no recomiendo, es probar todos los vinos que te ofrecen. A la quinta vez que probaste ya no entendés nada de lo que te explica el especialista de la vid. ¡Que exquisito vino! La suavidad de su sabor es perfecta. Es increíble que esa bebida salga de la tierra. Su tenue color rojizo se acopla con el verde de su cuna, el celeste de su oxigeno, y el amarillo que lo abriga desde el sol. Cafayate, su plaza, su vino, sus empanadas, su gente, su noche, son sueros directamente inyectados al corazón. Inspira a cualquiera. Devuelve el lenguaje al poeta perdido. Te fortalece para lo que viene. Realmente, es un paseo por la inmensidad de los placeres.
¿Que dirían si les contara que existe un pueblo ubicado en la absoluta nada? Un pueblo que alimenta su energía directamente del sol. Construida de piedra y barro, en un valle raro, entre cuatro montañas enfrentadas. Cada montaña tiene un clima distinto, algunas son tan áridas que solo son adornadas por llamas y cactus, las otras tan húmedas, que tienen terrazas de cultivos donde acunan la papa, el trigo y las habas.
Para llegar hay que recorrer durante tres horas y un poco mas, una carretera natural de ripio, que atraviesa una montaña, viniendo desde Humahuaca (Jujuy) y llegando hasta Iruya, que pertenece a la provincia de Salta. Cuando la lluvia decide salir a pasear los caminos quedan obstruidos y de esta manera, no se puede ni salir, ni llegar. Salen colectivos un par de veces cada día desde Humahuaca. Buses verdes, con cabeza delantera redonda. Sus manejeros conocen el camino tanto como el recorrido de su cama al baño cada madrugada, que ni los muebles, ni la oscuridad le pueden impedir sus deseos desechables. Nosotros elegimos tomarnos el de las 10:30. Nos levantamos muy exigidos por la resaca y el violento sol que nos despertó. Tuvimos que armar las mochilas, levantar la carpa y caminar algunas cuadras atravesando el puente Humahuaqueño. En la pequeña estación, hay una ventanilla en donde podes dejar el equipaje o lo que quieras. En nuestros planes estaba la idea de ir y regresar en el mismo día así que deje la mochila, la carpa y la guitarra. Quito, mas ebrio que lúcido, en vez de dejar su mochila la subió al colectivo. Llegamos alrededor de las 13 hs. Entre que acompañamos a las chicas a alojarse y comimos, se hicieron las 15 hs. El último colectivo que regresa a Humahuaca sale a las 16 hs. Así que, era absurdo volver si no habíamos recorrido nada. Nos alojamos en el mismo hostel que las chicas. Era gigante, había mil puertas para las mil habitaciones. Una gran cocina comunitaria, algunos extranjeros y varios gatitos rondando por ahí.
Después de de terminar de alojarnos decidimos ir con el mate a caminar. Llegamos a la placita en donde las pequeñas iruyanas se mecían en las hamacas y con piruetas trataban de impresionarnos. Nos sentamos en unas piedras y comenzamos con la mateada. Más paz para nuestras mentes acostumbradas a la alteración psíquica que produce la ciudad, el urbanismo.
En una canchita de futbol de cemento, ubicada casi en la inmensidad del mundo, pude comprobar que la pelota no dobla, y que mis pulmones definitivamente no están preparados para hacer deporte en ese lugar. El equipo Iruyano se aprovecho de eso. La invitación al picado no tardo en llegar, aceptamos. Los primeros minutos bien, aguantábamos con dos líneas de cuatro. Pero de pronto nuestro equipo se desvaneció, a pesar de nuestro cuerpo técnico constituido de mujeres, que nos hidrataban con mate. Así fue, perdimos.
Después de cenar en la casa de Belén, hija de la mejor cocinera de Iruya, con nuestro cuerpo técnico, las chicas de Avellaneda, fuimos a la montaña, sospechando que veríamos un gran paisaje nocturno. Las sospechas pronto se tornaron en certezas. Me atrevo a decir que allí, las noches no son como las del resto del mundo.
Humo verde viene, humo verde va, humo encantador que disimula las tragedias, que fomenta atravesar la puerta hacia la imaginación. Frazada y cerveza. La mirada hacia el cielo, la silla perfecta, el lugar perfecto, el momento perfecto. Una manta negra con puntos blancos y celestes muy poderosos, diversos dibujos pintados para nosotros. Así es el cielo. De pronto estrellas fugaces comenzaron a danzar, una tras otra, y nosotros jugando a ver quien las lograba ver. Agrupados en una misma manta, sentí que mi espalda estaba sobre la espalda de otro ser como yo, porque una energía sostenía nuestros cuerpos como en el aire. La espalda de esa chica era lo único que faltaba en ese único momento. Mirando el mismo cielo, vimos la estrella fugaz más grande que tal vez, jamás veamos. Fue impresionante e imponente. Stella perfecta. Esa bola de fuego atravesó el universo en un instante, instante en que sentí que mi cuerpo era sacudido por un huracán de emociones.
Eso es Iruya, para mi ya no es un pueblo, para mi, es lo mas cerca del cielo que estuve.
En cada trozo de tierra hay un mundo que justipreciar, un tierno gesto en que maravillarse, son nuestras caras. Siempre seremos derrotados por buscar distraer la paz, por creer que la clorofila de las hojas será eterna. Cosecharemos solo los frutos que sean plantados con amor.
En cada faceta de los rostros hay un espejo que eludir, un precipicio que temer, son nuestras mentes. Siempre huiremos de los vientos que apaciguan corazones. Por creer en multitudes triviales, la clorofila de las hojas dura tanto como la interrupción de nuestra autodestrucción.
Hubo un pueblo, una civilización, un grupo de personas avanzadas. Tenían tecnología, espíritu y mucho respeto. Su moral, su ética, sus formas de vida, siempre en armonía con la naturaleza. Un pueblo intelectual, cultural, intuitivo e instintivo.
A 2800 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Urubamba, se construyó una ciudad de piedra, arena, y oro, a la que llamaron Machu Picchu. Se dice que en 1911 fue encontrada por Hiram Bingan, un norteamericano que por azar llego a la antigua ciudad Inca.Por azar, ya que este profesor de historia estaba buscando los restos de los últimos Incas de Vilcabamba, fue guiado por algunos campesinos que vivían allí. Pero fue un niño, quien finalmente lo guió hacia la gran construcción que entonces, estaba cubierta de maleza, obstruyendo así los caminos. Se dice también que por eso los españoles nunca llegaron hasta Machu Picchu.
Con métodos arqueológicos no adecuados, y ayuda de la universidad de Yale y la Nacional Geographic Bingham regresó en 1912 junto a otros especialistas para comenzar con la investigación del lugar que duro aproximadamente hasta 1915. Cuarenta y seis mil piezas arqueológicas profanadas y llevadas al museo de Yale, en los Estados unidos, que hasta el día de hoy, no fueron devueltas al Peru, ya que, el gobierno Norteamericano le otorgo un plazo de diez años para que el gobierno Peruano decida donde ubicar el museo, en Cusco o en Aguas calientes.
Oficialmente se conoce como descubridor del Machu Picchu a Hiram Bingham, pero fue en julio del 1902 que Agustín Lizárraga (aparentemente ya había llegado en 1989) llego a la ciudad, guiado por algunos cusqueños. En 1916 luego de que Hiram Bingam realizara las investigaciones y se robara todo lo que le pertenece al pueblo peruano, Agustín Lizárraga regreso al Machu Picchu y dejo un graffiti en el templo del sol, escribiendo su nombre detrás de la escalera ubicada en la caverna de dicho templo.
Se cree que fue Pachacútec, uno de los Incas mas poderosos, quien mando a construir el Cusco y también el Machu Picchu, y que su ubicación se debió a la maravillosa vista del cielo, las estrellas y el sol. Por tratarse de un centro religioso o astronómico, no había mejor lugar que ese, ya que además, el lugar se ubicaba en un lugar sagrado, hogar del Santancay y el Hayna Picchu (montañas sagradas). Además de estar rodeado de un río naturalmente demasiado poderoso. Los incas sabían que ese era terreno de las piedras de granito blanco y que las rocas que estaban en el río eran las más fuertes y poderosas, ya que, tenían que soportar la terrible corriente del río.Actualmente se descarta la posibilidad de que Machu Picchu fuese una ciudadela habitada por guerreros. Además, las terrazas de cultivo que abarcan una gran parte de la ciudad, no estaban para abastecer de alimentos a la población, sino que, allí experimentaban la evolución genética del maíz, el algodón y la coca. En la parte casi limítrofe entre las terrazas de cultivo y la ciudad, se encontraban las plantaciones de medicina que los médicos Incas habían traído desde regiones vecinas. Allí cultivaron: Cuntrire, Guachanca, Guayroro, la Pupa, el Tarco, la Vilca, el Molle, el Paico, el Achiote y la Marihuana. Aunque se sabe que la planta sagrada era la Erytroxylum, mas conocida como la Coca. Los médicos trataban por ejemplo algunas de las enfermedades mas importantes: La melancolía (Putirayay), la tristeza ( Putiy), la demencia sin sentido común (Utek), y la idiotez de un inocente que no sabe nada (Poqques). También hay una hipótesis sobre un planta alucinógena llamada “Chamico” que producían una condición sagrada de la mente*1
Existen algunas formas de llegar al Machu Picchu. En tren, o realizando el camino del Inca. Los dos caminos tienen objetivos económicos bien delimitados, son muy costosos y sus tarifas están en dólares. El camino del inca solo tiene 28 kilómetros de camino intactos, es decir, que los últimos 28 kilómetros hasta la llegada a la puerta del sol, son caminos originales, construidos por los mismos incas, todo los anterior fue construido recientemente por motivos turísticos. Esto significa que si te interesa visitar las ruinas y no dispones de 400 dólares, debes mirar las fotos.
Pero no. Como siempre al capitalismo se le escapa lo mejor. Capitalismo, que por el momento gobierna el Perú, Cusco, Aguas calientes y el Machu Picchu. Todo esta organizado para que los turistas extranjeros con sus gorritas amarillas (que le regalan la empresa de turismo que organiza la excursión), su agua mineral de 10 soles y su comida en el restaurante a los pies de la gran obra arquitectónica construida hace mas de 500 años, dejen sus euros y dólares y paseen como si fuese una playa caribeña. Sin notar la energía que el sol produce en ese lugar a esa altura, sin notar lo sagrado de cada piedra, el turista atraviesa la ciudad por unas horas, sin dejar rastros. Pasan, pasan como los años, y como el viento que acaricia la selva subtropical que abraza al Machu Pichu en los inviernos.
Al capitalismo siempre se le escapa lo mejor. Y en este caso no es una excepción. Con 10 o 15 soles se llega desde Cusco hasta Santa María, un pequeño pueblo ubicado a unos 15 kilómetros antes de llegar a Quillabamba. Desde Santa María un auto te lleva por otros 15 soles hasta otro pueblo llamado Santa Teresa, un pueblo ubicado bajo la magia de la selva. Plantaciones de plátanos, café y cacao, un viejo cementerio, trabajadores mineros y algunos habitantes alimentando sus animales hacen de un camino, un sendero de ensueños. Estos 11 kilómetros, sin ninguna señalización oficial, te llevan hacia “La Hidroeléctrica”. Allí tienes dos opciones, o tomarte el tren “backpacker” o caminar 15 kilómetros por las vías del tren hasta llegar a Aguas Calientes. Allí, el sol le otorga el permiso a la noche para que la luna ilumine el camino. De pronto el sonido enojado de la corriente del río, te da la bienvenida a Aguas calientes. El reloj marca las nueve de la noche. Es hora de buscar un lugar para dormir y descansar, ya que al otro día, los corazones sabrán lo que es latir de verdad.
Cuatro de la mañana y a pesar del sueño y el cansancio, mis ojos se abren por ansiedad y también, porque si no llego antes de las 7:30 al Machu Pichu, todos los turistas que se tomaron el mini bus desde Aguas calientes puede robarme la ilusión para escalar el Huayna Picchu (en quechua significa montaña nueva). Huayna Picchu es la montaña mas alta que se observa en las típicas fotos, junto al Machu Pichu (del quechua montaña vieja), el Huayna es la montaña protectora del pueblo inca. Solo doscientas personas pueden ingresar en el turno de las 7:30 y otras doscientas en el turno de las 9:30.
Cuatro de la mañana, una cafetera ambulante ofrece un café y un sándwich de palta a solo 3 soles. Con eso desayuno, y con eso, lleno mi estomago para mas tarde, llenar mi pecho. Dos horas de caminata sobre escalones de piedras en constante subida. Esa escalera fue construida hace ya algunos años con motivos turísticos, siendo la única manera de llegar hasta las ruinas si no quieres tomarte los mini buses que los mismos habitantes de Aguas Calientes, sin la ayuda del gobierno, compraron.
Al llegar, miles de turistas se interponen en las filas, con bronca, los miro a los ojos, saben que yo hice un gran esfuerzo, y yo se que su esfuerzo lo decide su dinero.
Huayna Picchu, el ingreso ya no puede esperar. Así que, 7:30 las puertas se abren, y luego de haberme anotado en una lista, espero tranquilo sentado en una roca. Al acercarme a la puerta, veo un cartel desagradable. Desagradable porque esta escrito en Ingles, como todas las señalizaciones del lugar. Ese cartel explica la importancia de la Montaña. Cuenta que es sagrada para sus ancestros y pide por favor que no fumemos y que no comamos allí, por respeto. Se lo cuestiono al señor de la puerta, y el me sonríe, me entiende y trato de entenderlo. Comienza la excursión mas esperada de mi vida. Estoy ansioso, realmente muy ansioso.
Son las ocho de la mañana y estoy descansando en una piedra, el camino es muy difícil y cansador, pero tengo que llegar a la cima de esa montaña, tengo que llegar porque sospecho que la vista puede ser demasiado profunda, como una omnipotente postal vista desde el cielo, las nubes todavía no me dejan ver que hay debajo. A cada momento decidimos descansar y tomamos mucho agua. En el camino hay unas sogas que hacen de baranda, para sostener nuestros cuerpos que cada vez mas cansados, piden ayuda de inmediato al alma para seguir adelante. Luego de muchísimo esfuerzo llegamos a la cima. Es hermoso, nunca vi algo así. Ya son las 11 y las nubes comienzan a danzar de un lado hacia el otro y apenas nos dejan grietas donde asoma el Machu Picchu, como si estuvieran jugando con nosotros. Yo les sigo el juego, se que me concederán esa hermosa vista para tomar la foto que estoy esperando. Descansamos y un guía que también descansa nos comenta algunas cosas y nos invita a que bajemos de la montaña por un camino alternativo. Nos informan que el camino es más largo y arduo, pero a su paso hay cavernas y templos. En ese momento comprendo que el Huayna Picchu por sus escasas construcciones es un centro de observación. Allí los astrónomos iban a observar todo los movimientos del cielo.
Todo es mas claro que en cualquier lado o en ningún lado. Es una maravilla. Descendemos por el camino alternativo y nos encontramos con distintos templos, el Templo de la Luna, que al ingresar en la caverna deberá tener una altura de dos metros aproximadamente y donde se encuentran los nichos de forma trapezoidales. Es increíble ver la meticulosa construcción dentro de la caverna. Grandes rocas finamente talladas, sin dejar ni un milímetro en las uniones de las mismas. En la entrada una gran roca parece tener forma de altar, y aparentemente allí se hacian sacrificios. En un principio se creyó que este templo cumplía la función de lo que en la modernidad es una casa de velatorios. Pero en la actualidad se cree que era un centro específico de observación lunar. También allí, ciertos sacerdotes-astrónomos realizaban ritos de diferentes tipos y los sacrificios ya mencionados.
A los alrededores del Templo de la Luna, también hay otro tipo de construcciones, como edificios de dos pisos denominados “Canchas” unidos por escalinatas de piedra. También hay otra pequeña caverna junto con algunas terrazas de cultivos, que se cree que los Incas dejaron sin terminar. Hay muchas escaleras, los incas construían escaleras en todos lados, de otra manera, caminar por la montaña seria prácticamente imposible. Todo el espacio esta adornado con plantas, frutas, árboles, pájaros, insectos de todo tipo y el aire no es el mismo. El aspecto que tiene la caminata de regreso es el de un laberinto en medio de la selva. Hay energía, la siento en mi pecho, me ayuda a seguir.
A las 14:00 hs. Llegamos al Machu Picchu. Descansamos en el refugio y decidimos almorzar lo que trajimos. Miel, queso, atún, pan y algunas galletitas. En ese momento miles de turistas caminan por las ruinas, la vista se distorsiona porque hay más gente que piedras. Pero milagrosamente el cielo comienza a llorar lágrimas de agua, como si el sol hubiera escuchado mis suplicas y se hubiera tomado un breve descanso. La mayoría de los turistas abandonan el lugar, a pesar de haber pagado 130 soles, y un millón mas por el trasporte. Nos quedamos solos, pero yo no estaría tan seguro de eso.
Buscamos una guía, nos compramos unos pilotines de colores a 2 soles y comenzamos la excursión. Lo primero que observo es la maravillosa obra de ingeniería para filtrar el agua en caso de lluvia. Los incas construyeron huecos en todos los sectores en donde el agua sale para posarse en canales que la llevan a distintas fuentes. Todas esas fuentes desembocan en el río por un gran canal ubicado en el centro de la ciudad. La energía comienza a hacerse mas intensa todavía.La guía es muy amable y también muy joven y me gusta que no me hable con certezas, porque realmente, hay muchas cosas que todavía no se saben, como por ejemplo, por que se construyó el Machu Picchu, o por que lo abandonaron. Ella nos cuenta que la última teoría desarrollada por un arqueólogo peruano, dice que no fue ni un centro militar, ni una ciudad de civiles, sino, un centro de investigación genética de la tierra y un centro astronómico. Todas las terrazas de cultivo servían para experimentar el desarrollo de la fertilidad de la tierra y también el desarrollo genético de lo que se plantara, como el algodón, o el café. En ese momento comprendo también el Valle sagrado, y las distintas terrazas que construyeron, como cambian su forma, dependiendo del clima. También me llama la atención el piso del Machu Picchu, donde la gente transitaba. Construyeron una escalera muy grande que va desde el río hasta el principio de las terrazas de cultivo. Por esa escalera, una sola persona traía un tipo de arena que nacía al borde del río. Esa arena junto con piedra caliza, formaban una especie de alfombra. Mas suave que el terciopelo, y encima era impermeable.
Machu Picchu estaba dividida en dos grandes sectores: hacia el sur, el sector agrícola, conformado por terrazas de cultivos y a su costado una fila de casitas denominadas “Cuarteles de vigilancia” que tienen vista al cañón del Urubamba en ambas direcciones. Se supone que lo que se cultivaba en esa zona no era para alimentar a la población, ya que se cree que la comida la traían desde otro lugar. Estas terrazas eran focos de investigación. Allí se experimentaba la evolución genética de la tierra. Año tras años los especialistas aprendieron a dominar la tierra, su fertilidad y así el cultivo mejoraba su calidad.
Hacia el norte, el sector urbano, formado por diversas construcciones, entre las que se destacan el Templo del sol, el Intiwatana (reloj solar), el Templo principal, el Templo de las Tres Ventanas y la maravillosa obra de arte denominada Templo del cóndor. También se encuentra una impresionante piedra labrada, de tres metros de alto y tiene metros de base, denominada Roca Sagrada.
El sector urbano esta dividió en tres sectores, el Barrio Sagrado, el Barrio Popular, y el Barrio de los Sacerdotes y la Nobleza, allí se ubican las zonas religiosas donde se encuentran los monumentos, templos y las cámaras funerarias, y la zona civil, donde se construyeron habitaciones y recintos.
Barrio Sagrado, dedicada a su divinidad mayor, a Inti: el Sol. Allí se encuentran los tesoros arqueológicos principales: el Intiwatana, el Templo del Sol y la Habitación de las Tres Ventanas.
En la zona de habitaciones, en el Barrio Popular,existió un sector para la nobleza, grupo de casas situadas en hileras sobre una pendiente; la residencia de los Amautas (sabios) caracterizados por sus muros de color rojizo, y la zona de las Ñustas (princesas) con habitaciones de forma trapezoide, forma geométrica utilizada para todas las puertas y ventanas del lugar.
En notable apreciar los diferentes trabajos sobre las piedras dependiendo de la clase social que habitaba cada habitación. La parte de los sacerdotes y la nobleza, esta perfectamente trabajada cada piedra, mientras que la parte de los campesinos, se nota un poco la desprolijidad del trabajo.
Lo incas siempre estaban ubicados en tiempo y espacio, conocían las semanas, los meses y los años. Por eso el calendario. Porque septiembre era fecha de cultivo y de rituales. Tal vez el lado mas violento sea el de los rituales. Una vez por año, una chica virgen, seleccionada exquisitamente, y privilegiada para el pueblo, era asesinada en una gran mesa de piedra, para rendirle tributo a la pachamama, y así trajera bendición a las cosechas.
Machu Picchu fue un cielo y un sol. Fueron espíritus sabios y no seres humanos. La grandeza de buscar la armonía con la naturaleza. Nunca me latió tan fuerte el corazón, nunca me emocione tanto al rozar con respeto esas rocas que derrochan historia y enseñanzas en las que uno, si esta dispuesto a comprender, pareciera tener esa sensación de haber ido a mil escuelas en un solo día.
No se quien sos, si se quien eras. Lo que hay hoy en vos, por fortuna no lo había cuando eras para mí, cuando era para vos.
Sos la chica superada del momento, quien creo yo no sabe ni quien es. Te encanta gritar desesperada, ¡no quiero hablar de mi ex!
Ni principios ni finales, de relaciones nada sabes. Psíquicamente, oveja, estar bien crees, tu pastor psicoanalista también creyó saber que creaba.
No sos lo que eras, distinta de la que realmente sos, lo que creo firmemente es que podes engañarte todo lo que quieras, pero jamás en la vida vas a poder engañar a tu corazón.
Sacáte la máscara, por favor, puede ser peligroso, te encanta que todos sepan que hoy amas las soledades. El aburrimiento te abrumará muy pronto, los inviernos son muy fríos cuando no hay nadie quien te abrigue, sobre todo si el abrigo disponible esta hecho de Don Juanes, pintados de maravillosos cuentos de hadas madrinas borrachas y asexuadas.
Prefiero verte nunca más, saber nada de vos, prefiero imaginar que así eras, que eras esa que imaginé que fueras, una ilusión que aparenta ser lo que no quiero que seas, prefiero suponer que te olvidaste de amar y de añorar ciertas cosas.
Prefiero creer que tu fruto necesitaba mas agua en las raíces, porque todavía no estabas lista para descender de las ramas espinales que incentivan a las pieles a estacionarse en sus puntas, para crear una historia responsable con victorias y derrotas, para que nuestras almas sigan sangrando por la herida, y únicamente así, cicatrizar con los hilos más fuertes que sepamos conseguir.
Me viste que caía, y me soltaste la mano. Me oíste sollozar y decidiste no escucharme. Me sentiste sufrir y te encanto rechazarme.
Lo que jamás vas a volver a hacer es lograr manipularme; a mí, a mi jardín de la esperanza que florece día a día, a mi corazón ya ciego, a mi razón ya loca cuando más lejos estas siendo, cuando ser la que me acompañe en mi camino no te toca.
Del egoísmo a mí hay un misero paso, demasiada integridad para una misma persona. ¿Para que sirve la lealtad amorosa?
Las personas son hipócritas de pies a cabeza, de principio a fin, solo andan cerca del amor pero no alcanzan ni a rozarlo.
Con el rencor no hacemos nada, con el reconocimiento memorioso de los hechos sí, y mucho. Hay que esperar que las hojas se reencuentren con los pisos que apaciguan corazones. Así la historia termina en el sexo, ¿Negás jugarte el pellejo y después le acaricias las piernas a cualquiera?
¡Epa! Me alegro entonces que me hayas dejado, para arrastrarme a tus pies que mi mente imagina cada noche y luego resurgir como un fuego arrasador, como incontrolables tormentas de inspiración.
Ahora pocas aguas pueden extinguirme, a vos, cualquier camita te viene bárbaro.
El silencio ha llegado, se instaló por unas horas, solo quedan ruidos intermitentes de autos que circulan relativamente cerca, a solo algunas cuadras de allí. Ella escribe. Nunca nadie le enseñó a escribir, aprendió sola, como muchas tantas otras cosas. Jamás le interesó conocer los lenguajes modernos vinculados a los mensajes de texto y simplificaciones de televisión; “pereza ideológica” escucho decir en una de las charlas que organizan los muchachos del barrio, sus únicos amigos, algunas noches.
En sus primeros años de escritora, su mirada estuvo en sus propios relatos de vida, como una cronista juvenil que narra su historia en personajes que imagina o que quiso desear imaginar. Con el correr de los años, sus letras comenzaron a cambiar, tal vez la letra personal sea una armonía en octava del recorrido histórico de la vida de uno mismo. Con el tiempo todos los sujetos que hacen arte cambian, cambian sus ideas, la forma de expresarlas, cambian sus deseos, cambian hasta sus ganas de crear, porque su personalidad común y cotidiana se va fusionando lentamente con la personalidad artística del mismo sujeto. La persona cotidiana y el artista están juntos guardados en un mismo armario, cuando el sujeto es adolescente se viste con el traje que debe ponerse para cada momento. Pero cuando va creciendo, la remera está hecha de persona y el pantalón de artista. Por eso es alucinante ejercer las artes, pero muy conflictivo también. No es fácil aceptar ni esa remera ni ese pantalón, muchas veces a los pintores de cielos, jilgueros humanos, captadores de momentos; les gustaría vestir de pijama y pantuflas, para liberar un poco la mente, tan presionada por el corazón que obliga a crear constantemente. Liberar la mente de lo que se conoce como Inspiración; pero de eso no se puede escapar, la inspiración domina cualquier corazón. “Será que la lucidez es un rayo que raja las pieles de cada uno de nosotros, un rayo que se propone abrirnos la mente para que ingresen esos vientos tan afinados que producen la creación como tormentas juveniles. O será que nos pasamos la vida tratando de imitar esos años vírgenes de dolor y blindados contra la desesperanza. Tal vez, el arte sea como el amor. Nos enamoramos una vez, no advertimos ese amor ni lo apreciamos, lo subestimamos, y después nos pasamos la vida tratando de imitarlo, buscamos identificamos, comparamos, de eso se trata, comparar. Como histéricos necesitados de castigos, como queriendo castigar el extremo singular, nuestro acceso al aura”, fue lo ultimo que Anita Machado escribió en su diario.
Desconfía de dios bastante seguido. Viene de una familia atea y escéptica en nociones generales, del espíritu y de la realidad, para ellos, el alma se ampara en el desierto personal, se nutre de la realidad y de la experiencia, “solo creo en mi” recuerda decir a su padre tambaleándose con los ojos color sangre, aunque, lo poco que le enseñaron fue arrastrado por las aguas del tiempo.
Hace años que Anita Machado se mudo a zona oeste. Eligió esa comarca por el barrio, familiero de día, solitario de noche. La tranquilidad se desprende de las cuatro plazas, concentración de escuelas primarias, mateadas de parejas y vendedores de flores y otros productos adaptándose a la fecha. Lugar de mercaditos, cerrajerías, panaderías, kioscos, talleres mecánicos; trabajadores de barrio para comercios de barrio. Las oriundas calles no conocen esos ruidos tan humeantes de los colectivos, para eso esta Mendoza o San Juan, carreteras que funcionan como arterias comunicativas con el centro. Durante el día hay silencio, durante la noche, mucho mas silencio. Anita ya conoce esas mañas naturales, y por eso su creatividad literaria solo se gesta cuando la luna conquista los cielos, será porque de día trabaja, (a veces también trabaja de noche) o será que cuando llega la noche es el instinto feroz que la convierte en depredadora de ideas, en maquina de hacer voces.
Su despertar lo deciden los chicos que van llegando para entrar a la escuela. También los pequeños comercios, que abren sus puertas cada día soñando vender más que ayer. Anita prefiere el verano, aunque tenga poco trabajo, los chicos están de vacaciones y puede dormir hasta tarde postergando su labor hacia el atardecer. Cada mañana toma su coche y sale a buscarse el pan. En cada esquina, en cada rincón, en cada desecho familiar hay un motivo para que Anita Machado consiga realizar sus obligaciones diariamente. Es independiente, puede faltar las veces que quiera, aunque sabe que no puede aprovecharse mucho, porque su sueldo, como el de la mayoría de los que están en negro, es proporcional a las horas que trabaje.
Los vecinos ya la conocen, creen conocerla, o dicen conocerla. Mitos barriales adornan su historia de vida, chismes de peluquerías y chucherías de puertas y silletas acompañadas de mates y facturas. Algunos afirman que era una mujer hermosa y que una tarde su marido la encontró en la cama con un tipo y que le pego tanto que casi la mata, y que después de eso, la dejo sin nada. Otros dicen que se volvió loca después de enterarse que su marido había derrochado todo en los caballos (que inclusive apostaba en una mesa de cartas los sábados por la noche). También están los optimistas que comentan que Anita dejo a su marido y se fue con un tipo y que éste muchacho la dejo por una pendeja, la hija de Tita Pendica, una vecina a quien Anita le hacía los mandados y a cambio la señora le barría la vereda día por medio.
Anita Machado viene de una familia humilde, su madre era maestra de tercer grado, enseñaba lengua en la escuelita del viejo barrio donde vivía, en la zona sur, al límite con Baigorria. Su padre era un vago. Se pasaba todo el día en el antiguo club Aurora, a unas cuadras de su casa, apostando y emborrachándose con sus amigos. El club de bochas que fuera orgullo del barrio por ser cuna de la dupla campeona interprovincial de Bochas año 1962, pasó a ser un ingrato recuerdo de los brillantes días en que el deporte y las distracciones hicieron del recinto un sitio de agrado para convertirse en un refugio de jugadores, tahúres, embaucadores, y dios sabe que más.
Siempre eran los mismos, el viejo Julio, Pirulo y el dueño del buffet, el manco Carlitos, aunque a veces aparecían otros señores buscadores de azar de otros barrios y se armaban épicos partidos que luego se comentaban anecdóticamente en los asados de los viernes. Horas y horas jugando a la casita robada y apostándolo todo, mientras la cerveza fomentaba el orgullo ilusorio ganador de los señores soñadores. Ese orgullo que aumenta cada vez más a medida que las derrotas se acumulan, mientras más se pierde, más se cree poder ganar.
Dicen que el viejo Julio en una época tenía una gran heladería artesanal, a pocas cuadras del club, pero que una noche, en una de esas rachas adversas lo apostó todo, y así, lo perdió todo. En una de las manos más terribles y cargadas de la noche, el viejo apostó la receta del Sambayón que había traído su abuela después de la segunda guerra mundial en un barco lleno de inmigrantes. La heladería de Julio se llamaba “La Samba de John”, por el famoso Sambayón artesanal que hacía la heladería y por su fanatismo hacia Lennon.
Tito tenía un nieto que jugaba al futbol en las divisiones inferiores de Newell’s, era el orgullo de la familia. Este muchacho apostó el pase del pequeño promesa. Su familia lo desheredó después de esa tarde de borrachera cuando pensó que tenía el partido ganado.
Anita recuerda los años de niñez como momentos desagradables de su vida, aunque siente mucha nostalgia por no haber visto nunca más a su madre y a su hermana. Tuvo que escapar, tuvo que huir de su hogar para encontrar un verdadero hogar. Todo lo que sabe, lo aprendió de la naturaleza, de las matemáticas cotidianas obligatorias y esenciales, de las relaciones educativas directas que se renuevan en una sociedad, de su grupo de amigos, que a pesar de no verse tan seguido, desde hace tiempo se juntan a despedir el año, rogando por tiempos mejores mientras trozan el pan dulce. “Hoy esta fresco” o “como anda esa tos” son los hilos discursivos mas frecuentes que mantiene con los vecinos del barrio.
Desde hace mucho tiempo, en el patio de una de las escuelitas del barrio, se hacen encuentros literarios organizados por Gloria, una de las maestras del colegio. Una gran olla de mate cocido y pan casero, lecturas de cuentos y poesías inician los encuentros, y después, una hora de debate a tema a abierto. La lista de asistencia es muy variada, chicos que recién empiezan a escribir, vecinos, algunos maestros y maestras de la escuela, y también dicen presente varios mendigos que disponen de tiempo y utilizan ese momento para disfrutar de la merienda. Serán alrededor de quince, o veinte todos los viernes. Una vez, llegaron a ser como cincuenta. El dueño de la panadería mas conocida del barrio, Don Miguel, gano la lotería y dono siete docenas de facturas. El boca en boca de los peregrinos callejeros no se hizo esperar y se acercaron más de cuarenta y pico para compartir esa memorable tarde.
La reunión comienza cuando Gloria pregunta quién quiere leer algo, enseguida alguien se ofrece y le ceden la palabra. Generalmente los que leen sus creaciones son siempre los mismos, eso no significa que los demás no escriban, sino que, aunque Gloria siempre los incentive a leer, a muchos les avergüenza mostrarles a todos lo que hacen. El hecho de hacer público un arte personal para algunos es muy especial, como una especie de rito donde predomina el temor a la desbastadora crítica facilista que ejerce cualquier boludo sin respetar el amor que el artista tiene de su hijo, su tesoro mas preciado, su obra.
Hace más de veinte años que Gloria disfruta de su profesión. Le encanta trabajar con chicos, sobre todo, con aquellos niños indisciplinados a quien sus padres tienen casi abandonados, a la deriva del destino. Su método es el dialogo constante, desestima los castigos, ella dice que lo que aprendan los chicos muchas veces queda de lado, piensa que para que ellos sepan aprender hay que saber enseñarles. Lo que más le enoja es que se copien en las pruebas, y sobre todo, que falten. Los otros maestros están convencidos de que Gloria debe ser la directora, por su dedicación y amor a los chicos, amor retribuido, porque ellos también la quieren mucho.
Para Anita, Gloria es como su segunda madre…o la primera. De la mano de ella, Anita aprendió a escribir, a compartir y a deshacerse de sus dolores, de querer y de también sentirse querida, respetada, consolada.
Su carrera como escritora empezó desde pequeña, sin métodos ni teorías literarias, sin incertidumbre intelectual ni búsqueda de un futuro mejor. Anita escribía diálogos que escuchaba, o lugares que veía, plazas, bicicletas, comidas, o simplemente su hogar, sucesos de gente común en lugares comunes. Siempre desde la mirada de una pequeña niña que adquiere conocimientos y experiencias de todo lo que sucede a su alrededor, la mirada de una niña que lo observa todo y también lo cuenta todo, como una periodista juvenil, como una cuentista adulta.
Alguna vez escribió: “había una vez una nena, María, que se sentía sola, muy sola. Un día llego a su casa muy tarde. Estaba asustada, porque sabía que sus papás podrían estar preocupados por ella. Al llegar, entró despacito para evitar llamar la atención. Llegando a su pieza para acostarse rápido y que nadie la viera, escucho a su madre gritar con prudencia y a su padre murmurando. Fue a ver que pasaba. Cuando entró a la pieza de sus padres, lo primero que vio fue a su madre llorando en un rincón, acurrucada por el terror. Terror que su padre evadía por la perversión, su padre, símbolo de amor y cuidado, de supuesta protección natural hacia sus hijas, estaba metiendo su mano entre las piernas de su hermana, y la acariciaba por todo el cuerpo. Ella solo decía “para papá”, pero su padre no solo la seguía tocando sino que también le sacaba la ropa lentamente. María pensó en decirle que dejara a su hermana tranquila, también deseo hacerle daño, mucho daño, al ver a su hermana casi vencida tratando de defenderse, mientras su papi le tapaba la boca para que se callara. María no tuvo miedo, porque ya había visto que su padre había hecho lo mismo con su mamá alguna vez. Así que corrió, corrió lo más rápido que pudo y nunca más quiso volver a su casa. María fue feliz, se hizo amiga de los gorriones y de los árboles.”
Anita Machada ya se jubiló. Tuvo que abandonar su profesión, esa que eligió por descarte, escapar de su casa y vivir en la calle de ilusiones y de restos de comidas ajenas, o quedarse en ese hogar que su padre, a causa del alcohol transformaba en un infierno.
Nunca pudo conocer el circo; el mar, un beso con amor, la puntualidad, un vuelto de más, una reunión de padres, un despertador, un cumpleaños feliz. Jamás pudo quejarse de alguna comida mal condimentada, de una cama sin hacer. Solo conoce la estimulación, los códigos sociales, mendigar para comer, sobrevivir para entregarle al corazón el oxígeno necesario para bombear la sangre suficiente que los pulmones exigen en el esquema imperfecto de la biología humana, biología desigual que no entiende nada de relaciones sociales, que no discrimina el acceso que cada uno tiene al obligatorio nutrimento. Esos sistemas digestivo e inmunológico que desarticulan las conciencias en beneficio de su supervivencia. Si no existiera el hambre, no existiría la desnutrición.
Ya no recuerda su infancia. Su futuro que se aleja día a día de lo eterno, se concentra en los encuentros que Gloria hace en la escuelita, allí se siente escuchada y respetada por su maravillosa prosa, y por lo menos, se asegura la comida de los viernes. Cada fin de año, con sus amigos, esos mendigos que duermen en camas improvisadas en los banquitos de las cuatro plazas, junto a la suya, se reúnen para despedir el año. Lo festejan con pan dulce, vino y algo que los vecinos puedan contribuirles. A las doce en punto, se sorprenden como cada treinta y uno de diciembre, de los fuegos que pintan el cielo y se ponen a adivinar de qué color serán esta vez.
La calle le enseñó a sumar, a escribir y a odiar a dios cada vez que el frío de julio le lastima la piel, donde lo caliente se entibia rápidamente cuando su sangre emerge de su cuerpo para convertirse en su única compañera, su espíritu santo en su mundo maldito. Anita la mendiga, la vagabunda, la callejera, la del carro, Anita Machada, ahora, solo Anita, la que pide mientras las vecinas más chismosas se preguntan que escribirá día y noche en esos diarios viejos, con ese lápiz gastado.
No, no creo. Prefiero hacer algo tranqui en casa. Cuando me encuentren, seguramente me llevaran para allá. Creo que la vieja me iba a organizar algo, una cosa ligera, sandwichitos y gaseosas. No invites a mucha gente, solo a los que estuvieron siempre, y a Carlita, ni se te ocurra olvidarte de Carlita. Acordate de mi camiseta de la lepra, mira que la quiero mucho, me la regalo mi abuelo, el Lelo, cuando empecé a jugar a la pelota en las canchitas de Malvinas. Como me vio futuro, bah, viste que a cualquier tipo que pasaba por la vereda de su casa le decía que su nieto iba a llegar a primera, así que me compró todo el equipo, las medias, el pantaloncito y la camiseta. Pobre abuelito, me disfruto tan poco. ¿Te acordas cuando nos llevaba al estadio municipal? Horas y horas jugando al Gol entra mientras el viejo hacia sus crucigramas. Después nos compraba un helado a cada uno. Que lindo.
Que linda infancia que tuvimos. ¿Te acordas cuando hacíamos diez centavos la canción? Todavía me acuerdo. ¿Seguro que no te acordas? Les tocábamos timbre a las viejas del pasaje Primavera, y les decíamos que si nos pagaban diez centavos les cantábamos una canción. Cuando nos daban la monedita, entonando en La mayor vos decías “gracias por”, después yo, “su cola”, vos otra vez “bora”, y yo terminaba “ción”, y ahí rajábamos corriendo. En algunas horas ya teníamos nuestros buenos manguitos para derrocharlos en el kiosco de Isabel, todo en Jaimitos. Si, es verdad, pero ojo que Aidé siempre nos daba una de veinticinco, aunque se hacia la buena pero después bien que nos tiraba agua para que dejemos de jugar en la puerta de su casa a la hora de la siesta. Igual que Don Pancho y Salchichetti, esos viejos mal llevados siempre nos corrían con la escoba. Con altibajos, pero que linda infancia que tuvimos.
No se, varias cosas. Lo de Marina, por ejemplo. Viste que cuando sos pibe, la primer mina que se te cruza, chau, te enamoras en el acto. No es que no haya podido olvidarme, ni tampoco, que no te haya perdonado. Pero me dolió mucho. Yo estaba muerto por ella y vos te la agarraste, sin importarte nada. Ya se que paso mucho tiempo y que éramos muy pibes pero. ¡No, no me lo niegues que sabías bien que hacía un montón que me gustaba! Si, ya lo hablamos muchas veces pero. Esta bien, no nos vamos a poner a discutir por pavadas hermano. Esta bien. Perdonáme, estoy un poco susceptible.
Bueno hermano querido, dejo todo en tus manos. Ya sabes, lo único que quiero es la camiseta de la lepra, lo de abajo no me importa mucho. No, ya te dije, prefiero que sea algo tranqui. Espero que pueda estar, aunque sea, lo que quedó de mí, igual no creo que llegue; no va a ser fácil encontrar mi cuerpo. Por las dudas decile a prefectura que busquen por las islas, había mucha corriente y encima estaba lloviendo.
Puede pasar todo el tiempo, nunca dejamos de ser nosotros. Puede que deje de llamarte, puede que escondas tu cariño. Los deseos se reprimen, pero vuelven a nacer como fuegos, incontrolables, desaforados, demasiado tarde.
Creemos ser otros, otros yo, pero nunca dejamos de ser nosotros. Puede que aplauda el olvido, puede que hoy hayamos muerto uno respecto del otro. Los anhelos se contienen, pero empiezan a surgir como aguas, extraordinarias, conmovedoras, demasiado tarde.
Podemos imaginarnos sin vernos, pero nunca negar nuestro amor. Podemos pensar que va a ser mejor así, pero nunca negar nuestro amor.
Puede que no hayas sido lo que esperaba, puedo esperarte hasta que seas. Puedo fingir que te odio, sepultarte en mi pasado. Los temores se disfrazan, pero siempre los descubrimos, impetuosos e impulsivos, demasiado tarde.
Nacemos desde los fines, laberintos sin respuestas. Aceptamos los relojes, es el tiempo nuestra puerta. La agonía nos cautiva, pero un día nos tolera, precisamos el vacío, para volver a desear ocuparlo. Demasiado tarde
Mis viejos se separaron. Realmente es muy difícil para mí explicarlo en este momento. Estoy desesperado, dolido y casi abatido. Tengo que largar todo lo que tengo porque se que puede llegar a ser prejudicial para mí, para mi cuerpo.
Hace aproximadamente un año, mis viejos compraron esta casa, desde donde les estoy escribiendo. Es una casa antigua, de estilo chorizo, como las casas romanas o pompeyanas. Como si fueran dos casas, o una dividida en dos. Tiene una entrada lateral por el zaguán con puerta cancel, que lleva al jardín conectado a habitaciones de gran altura. Despintada, desarreglada en los pisos y paredes, aberturas y algunos detalles más. Descuidada en su fachada. En el transcurso del año la fueron arreglando poco a poco. Primero fueron los pisos, el jardín, la pintura y luego algunas otras reformas en la estructura de los techos. Lo que definitivamente no estaba en los planes era algún tipo de reforma en la estructura interna de la casa.
Como es costumbre, los vendedores que trabajan para las inmobiliarias son muy sinceros, justos y sobre todo, astutos. Recuerdo con exactitud las palabras de mi querido amigo vendedor de casas. “El sistema eléctrico esta bárbaro, las cañerías se pensaron para que duren toda la vida”. Pensando. Lo ingenieros y arquitectos de esta casa seguramente habrán sido también filósofos. Seguramente en el manual de ventas habrá alguna sección vinculada con la obstaculación de la conciencia, donde les enseñan a ocultarla, todo sea por vender. No interesan los medios. Fin, fin, fin. Total, si la casa se desmorona en un día, los papeles ya están firmados, el vendedor ya tiene su comisión y el dueño su pasaje a las Bahamas para él y su hermosísima y joven amante, “amor, tengo que viajar por trabajo”.
Mi desesperación se hace cada vez mas grave, mis ojos lagrimean por la intensidad del dolor que comienza a conquistar desde mi pelo hasta la punta de mis pies.
Todo estaba tranquilo. Nublado el cielo aparentaba aclararse después de las gotas que había derramado esa tarde de viernes. Como si el cielo y el sol después de discutir fuertemente por la propiedad del atardecer, quisieran reconciliarse. Debussy adornaba el paisaje con su Claro de luna. Me senté en el piano, ante el gran ventanal hacia el jardín que me inspira constantemente. Estaba escribiendo una canción. En el descanso (el recreo obligatorio que consiste en prender un cigarrillo para apreciar mas relajado lo que acabo de crear) noté que el gran cenicero que uso estaba totalmente lleno de colillas. Demasiado lleno. Vacié el cenicero en la rejilla del jardín por pereza, ya que no había ningún tacho cerca. A los pocos minutos, escuché gritos como voces rabiosas que venian desde el fondo de la casa donde esta la habitación de mamá. Rápidamente decidí correr hacia allá, como un loco consciente, como un consciente que se vuelve loco para sacar fuerzas extraordinarias y correr más rápido que el viento. Cuando cruzaba la puerta de la habitación los gritos se apaciguaron repentinamente para convertirse en llanto desolador. Los gemidos venían desde el baño que esta dentro del dormitorio. Dirigiéndome hacia allí, vi que la puerta del baño estaba abierta, la luz fuerte que se hacia tenue hasta desaparecer saliendo por la puerta que divide la habitación y el baño, mi madre allí parada, con el pelo mojado, saciada en lagrimas. Al verme llegar, desesperó en sus lamentos
-Las cañerías están tapadas-dijo desmesuradamente, temiéndole a la muerte- -Tranquila, tal vez se tapo por la lluvia –me hice el boludo- -No -desesperó aun más- están tapadas porque las cañerías son viejas y de mala calidad, me dijo el plomero que vino hace meses a pasarme el presupuesto para ponerme la canilla en el jardín para regar las plantas.
En ese momento, mi papa volviendo del trabajo, entra y sorprendido le pregunta a mi mama por que esta llorando (no tan sorprendido, siempre llora por cualquier cosa). Ella enloquece aun más.
-Me quiero morir, se taparon las cañerías para siempre.
Mi papa obviamente queriendo apaciguar los ánimos, busca tranquilizarla.
-Tranquila, voy a llamar al plomero para que venga y arregle todo. - ¿No te dije recién? –Mi madre en su papel de esposa- Se taparon para siempre. La última vez que llamaste al plomero para que me ponga la canilla en el jardín para regar las plantas fue hace seis meses y todavía no vino. No sabes nada, y esto es tu culpa, te dije que la casa estaba hecha mierda, y vos la quisiste comprar igual.
-No puede ser, ahora la culpa es mía –reaccionó mi viejo- -Si –celosamente mi madre indaga- y a todo esto, ¿Por qué llegaste a esta hora del trabajo? - No cambies de tema ahora. Acá pasa algo y siempre es mi culpa. No te aguanto más. - No te hagas la victima carajo. Te andas haciendo el loco con la puta esa que tenés de secretaria. - ¡Basta! No la metas en esto a Rita, trabaja todo el día. -Si, me imagino como trabaja pobrecita. - ¡Me cansaste! Me voy a la mierda. No te soporto más. Ya ni quiero volver del trabajo para no verte la cara. - Claro, así te quedas en la oficina mientras esa hija de puta te prepara el cafecito. - Te dije que no la metas a Rita en esto. - No la defiendas más, yo soy tu mujer. - Solamente en los papeles, porque ya hace tiempo que dejaste de serlo.¡Me voy! - Sos igual que tu padre. ¡Un borracho mujeriego! Andate donde quieras, yo también me voy a ir a la mierda.
Mi viejo hizo el bolso y se fue de mi abuela. Mientras cargaba sus cosas en el auto mi mama no podía parar de gritarle barbaridades.
-¡Sos un hijo de puta! Me engañas con tu secretaria, y encima me dejas en esta casa de mierda con todas las cañerías rotas, sin poder bañarme, ni cagar, ni nada. - Basta Silvia, ¡sos una loca! (los vecinos, mientras tantos, disfrutaban del show en sus veredas con sus sillas de playa y sus mates)
Mis viejos se separaron. Yo no puedo más. No aguanto más. El dolor se hace mucho más fuerte, tengo miedo de explotar. Es que hace rato que me estoy cagando encima y las cañerías tapadas para siempre. Me parece que le voy a pedir al vecino que me preste el baño, me debe una, después del espectáculo que le regalé anoche no le va a costar nada prestarme su inodoro. Pero no creo que me lo preste, a ver si todavía le tapo las cañerías.
Ya cagué del vecino y también me compré un tacho de basuras para poner al lado del piano.
Hace unos meses que mi viejo vive en la casa de mi abuela, dice que las cosas están mejor así, que su matrimonio fracasó (evidentemente) y que quiere comenzar una nueva vida. Esta saliendo con Rita. Mi vieja hace algunas semanas que decidió irse a la casa de mi otra abuela. Dice que esta casa le recuerda a su horrible y fracasado matrimonio (evidentemente), y que quiere comenzar una nueva vida. Esta saliendo con un plomero.
Yo me quede solo en casa, todavía disfruto de las tardes de los viernes. Algunas veces elijo Bizet o Schubert, depende de cómo me levante ese día. Suelo tirarme en el verde césped a esperar que la luna y el sol vuelvan a pelearse, para que vuelvan a reconciliarse y así me regalen ese maravilloso paisaje. A veces pienso que fuimos creados para hacer de nuestra vida un ciclo. Pelearse para amigarse, fracasar para triunfar. La renovación origina al deseo, como también se parte desde el deseo para buscar la renovación. ¿Cual es el principio y cual es el final? Principio del final y final del principio. Habrá que cortar las raíces y volver a sembrar.
Las cañerías comenzaron a destaparse solas. Y también solas se volverán a tapar. Por unas colillas o por un matrimonio fracasado, las estructuras internas de un hogar pueden desvanecerse en segundos, por más que la pintura disimule las arrugas, ya que el disimular siempre termina arrugando la estructura.
Quizá lo soñó, soñó ese sueño en donde todavía estaba vivo.
En la mesa del living de su casa, encontró una carta desgarradora, terriblemente desgarradora.
Tal vez lo crean raro o absurdo, ¿injusto? Tal vez pensaron que no era mi hora, buscaron un por que, ¿injusto? Tal vez la palabra suicidio sea demasiado fuerte y odiosa. Para algunos un acto cruel contra uno mismo (“pobrecito”), para otros, un acto de cobardía (“que cagón”). Esto es solo una disputa cotidiana del lenguaje. Para el diccionario es una “acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza” ¿Perjudica? A mi me perjudica vivir, y me beneficia dejar de hacerlo, me perjudica estar muerto en vida, “perjudica a quien la realiza”, es incorrecto. Supuestamente hay a quien o a quienes perjudicaré, seres queridos, amigos, familia. Lo dudo, no creo perjudicar a nadie, y lejos esta perjudicarme, si dejo de hacer lo que ya no soporto hacer mas. ¿Que es el suicidio? ¿Quitarse la vida? Deberíamos conocer el significado de la vida, o mejor dicho, saber que es la vida para cada uno de nosotros. Solo hace falta ir a caminar por la calle para ver a los suicidas preocupados mas por el prejuicio ajeno que por la satisfacción que les depara el por venir. El hecho de tener que sacrificar el sufrimiento de un ser querido por lograr el cometido de la tranquilidad lejos del plano terrenal, no puede ser sino, la ultima gota violentamente vertida sobre el vaso a punto de rebalsar de aguas oscuras derrochadas en la infancia. Prefiero ser un suicida que un vividor que ya suicidado, mata o hace suicidar a los demás. Prefiero ser un suicida, ser algo, ser alguien para alguien, ser, alguna vez…ser.
Terminando las ultimas líneas de la carta con un llanto desolador tuvo la esperanza de que todavía podía estar vivo, tuvo la fe de que en la ultima instancia había sido derrotado por las fuerzas de la irresolución, pero la sensación mas espontánea era la de esperar lo peor. A pesar de los diez pisos que lo separaban de la calle, bajó corriendo por la escalera. Son esos momentos donde el cuerpo necesita estar en movimiento para saciar la desesperación de la lucha contra el tiempo, y es el reloj de arena que contiene los segundos cada vez mas pesados, mas veloces. En la esquina había una parada de taxi, donde los autos se amontonan en fila esperando a algún cliente. Se subió al primero que se enfrento al salir del edificio. Con la percepción baja por el estado de shock despertó al taxista indicándole el destino, fastidiado por la interrupción de su siesta laboral, el taxista le indico de mala forma que debía subirse al primero de la fila ( ley primera de los taxistas), sin responder obedeció y salio a buscar a su amigo sin mapas ni certezas. Recorrió todos los hospitales y sanatorios de la ciudad, pensó que si se habia querido disparar, había fallado, deseó que la bala fuera vieja, o el arma estuviera en mal estado. Si se había querido tirar del puente rosario victoria, la soga se había cortado, cayendo al agua y siendo rescatado por la prefectura. Si había tomado pastillas, eran las equivocadas, o en la farmacia le habían vendido por error unas de menor dosis. Nadie sabía nada. Busco en cada hotel, en cada bar, en cada plaza, en cada parque, en la estación de colectivos, en el monumento a la bandera. Fue a la cancha de Newells, pensó que estaría sentado en la platea del palomar fumando un cigarrillo, allí donde pasaron cada tarde de verano soñando con algún día jugar en ese césped. No estaba, y ya no se le ocurría otro lugar en donde poder buscarlo. Desesperado, sabiendo que si estaba vivo tal vez esperaba una ultima señal, esa señal que para algunos suicidas es determinante, cuando indirectamente tiran una soga, y ni siquiera allí, alguien les responde, ni siquiera allí, alguien les muestra otra cosa que no sea la espalda, volvió al departamento imaginando que si se había arrepentido buscaría el refugio del hogar. En el camino recordó años anteriores, tratando de buscar alguna razón, algún hecho que pudiera haber desencadenado la urgencia de dejar de vivir.
Empezó a recordar cosas que vivieron juntos, pensó q últimamente estaban mas distantes, la facultad, el trabajo, sus novias, hicieron que dejaran de compartir muchas cosas, aunque el hecho de vivir juntos los mantenía unidos. Busco la razón en la probable depresión paulatina, siendo un tipo bastante cerrado, salvo alguno que otro gesto o rasgo cotidiano, no podía suponer que su amigo estaba pasando por algún tipo de bajón anímico, aunque desde hacia un tiempo se venia recuperando de un hecho que le había cambiado la vida. Cuatro años atrás había perdido a sus viejos en un accidente de autos. Viajaban a San Nicolás y delante de ellos transitaba un camión con acoplado, transportaba caños de metales para construcción, uno de los caños se soltó y los envistió directamente sobre el parabrisa, volcaron en la ruta. La madre murió en el acto y el padre unos meses después en el hospital. Nunca se llevo bien con los padres, sobre todo con el viejo, y siendo único hijo desde muy chico había tenido que asumir responsabilidades importantes. En la crisis del dos mil uno, hipotecaron la casa para pagar algunas deudas, y se la remataron un año después. Enseguida el padre se quedo sin laburo, por eso viajaban a San Nicolás, porque un tío de la madre tenia un campito con algunos animales, pero por una enfermedad no lo podía laburar, así que estaba la posibilidad de empezar desde cero ahí.
Al volver al departamento, intento buscar algo raro que estuviese allí, alguna pista que lo llevara a comprender todo, o por lo menos algo. Por un lado quería tener una respuesta contundente, el “¿¡por que!?” que de costumbre nos hace creer que todo es por algo, que toda consecuencia es causal, y no consideramos lo casual como algo espontáneo y posible. Pero por el otro lado, no quería entrar en el circulo de los –por que-, ya que de ese modo se estaría dando por vencido, de esa forma estaría considerando que su mejor amigo se había quitado la vida esa mañana. Casi vencido, se sentó en la mesa de la única sala del departamento, cerro los ojos por unos segundos e insinuando masajearse la cien con los dedos, palpitó la presencia de un sobre marrón tamaño oficio sobre la mesa, sujetándolo con una mano, sintió el deseo de su corazón de exacerbarse, con la otra, saco el papel que contenía dentro, era un diagnostico médico y entre varias líneas bañadas de vocabulario especifico pudo dilucidar partes como si estuvieran en negrita: “…trastornos que producen distorsión en los pensamientos y en la percepción. Los pensamientos están mezclados o cambian bruscamente de un tema a otro. La percepción parece estar distorsionada más allá de la realidad, haciendo que oiga o vea cosas que no están allí, delirios inusuales no basados en la realidad. Las alucinaciones, los delirios, las preocupaciones o pensamientos revueltos son los responsables de causar miedos y confusiones que puede culminar en violencia…”
Lloró. Lloró como nunca antes lo había hecho. Recordó a su madre en una tarde de verano en sus caminatas por los campos de San Nicolás en época de vacaciones. Recordó que una noche volviendo de un picado con sus amigos, la encontro muerta en un lago de sangre, su padre la había golpeado con un caño de acero en la cabeza hasta matarla, escapando luego sin volver a verlo jamás. Recordó las veces que imaginó como sería el olor del césped de la cancha de Newells, y las veces que le suplico al viejo que lo llevara a conocerlo. Recordó lo que era estar solo, pero absolutamente solo, a tal punto que si la tierra se lo tragara, nadie lo reclamaría.
Recordó haber escrito una carta desgarradora.
El era su mejor amigo, su único amigo, quería tener novia, un trabajo, quería sentirse orgulloso y sobre todo, querido. Él se había estado buscando por toda la ciudad, él fue el único que se despidió cuando esa madrugada de abril saltó desde el décimo piso para darle sentido a su vida, justo después de su muerte, justo antes de que el sol volviera a sorprenderlo.
Al final, creo que sos una desagradecida. Nunca te fallé y vos me abandonas así, de ese modo tan de pronto, tan vehemente. De un día para el otro ya no soy nada ni nadie para vos, solo un ciclo mas entre tantos otros, un cajón donde depositamos los recuerdos mas tiernos, y tal vez los mas lejanos, aquellos que alojan nuestra infancia, y que abrieron paso a nuestra inocente adolescencia que hoy nos encuentra así: a mi tan despechada, a vos, tan libre. ¿A donde quedaron esas noches llenas de luces que nos iluminaban a los dos por igual? ¿Cuántas veces me enchufaste en esos agujeros tan oscuros sin que te importaran mis inquietudes, mis temores al modernismo? Difícil olvidar aquellas tardes de verano que elegiste para acariciarme de esa manera tan intensamente tuya, mientras de pronto nos sorprendía la noche, el fuego comenzaba a crecer, y quien sabe cuantas voces se levantaban ante ese misterioso paisaje fogonal. Perdón si creíste que te había dejado de querer, es que a veces los vientos te embisten con la violencia necesaria para sacudirte el alma de la forma mas hermosa, esos dedos se hacen guías y solo te queda acompañarlos como sea para seguir viviendo, para hacer carne el arte de existir sin poder apreciarlo, como escribir música sin poder escucharla. Pero no podes confundir amor con arte y con música. El amor es el arte de hacer música, y la música es el arte de hacer el amor; el hecho siempre fue amarte concediéndote todas las notas que necesitaras. Puedo pensar que tu razón se sitúa en relación al tiempo, por tu cosmovisión conservadora de que algunas cosas tienen uso temporal. Por otra parte, rechazo la cuestión de géneros, si este mundo ya hace tiempo que sabe muy bien que también me encanta sentirme acariciada por una mujer. Podrías haber sido más amable conmigo, después de todo, fui tu compañera de ruta, en cada escenario de tu vida, estuve. En cada expresión de tu alma, estuve. Podrías haber sido mas considerada, y al menos, ya que me dejaste tirada en un rincón, enfundada como un cadáver eclipsado por el horror del olor a la muerte, y encerrada en la celda de los celos al ver como disfrutas de esa nueva que trajiste importada mientras la madera que conforma mi cuerpo se pudre, podrías haberme cambiado las cuerdas.
No pensé que me podía pasar. Esta situación es incómoda, espantosa, diría que extrema. Me habían comentado de esto, lo había visto en los diarios, en los noticieros, sabia que ocurre permanentemente, pero ahora es mi turno, y es en este preciso momento en el que solo puedo pensar lo mas detestable, lo mas terrible y horroroso. La problemática en cuestión es meramente “dueñística”, es que la responsabilidad es de ellos, ellos mandan y enseñan y los otros te atracan en cada esquina, en cada plaza, en cualquier estación. La gente que alguna vez paso por esto, contó que los dueños exponen sus discípulos como premios, producto de un complejo de inferioridad absoluto, pero también hay otros, aquellos que son utilizados para atraer mujeres (eso es lo que creen).Y acá estamos, yo con mi miedo y él, me sigue ladrando.
El tiempo es lo más mezquino que hay.Jamás te permite borrar, solo te concede rehacer sobre las tintas derramadas. El tiempo envejece tu corazón mas rápido de lo que permite cortar las flores antes de marchitarse. Y esos dias de la vida en lo cuales pensaste descansar para siempre, hoy desaparecen entre la bruma desconocida, entre penumbras identificadas con el desasosiego. ¿Quien es tan valiente para desafiar a los temores del tiempo? Si acaso la naturaleza nos ha dado la calidad de hombre y mujer por el hecho de pensar, y de sentir, pero creo que el hombre no es hombre por la mente o el corazón, sino, por expresar sus pensamientos y sentimientos, esa es la puerta hacia todos nuestros conflictos vitales permanentes.
De pasados, presentes y futuros
El tiempo se desintegra en pasados, en presentes y en futuros, y también se construye a raíz de la injusticia, del antojo y de la arbitrariedad. Si de la única forma de poder revivir nuestro mejor pasado es poner en marcha nuestro barco memorioso y navegar hasta aquellos tiempos.El pasado es un grupo de sucesos,o trances que intervienen en nosotros, siendo imposible la reciprocidad, es decir, que nosotros no podemos influir en nuestro pasado, puede que este relacionado con la muerte. El presente no existe, es solo un espectro fantasmal, si ahora es presente, cuando termine de escribir esta oración ya va a ser pasado. El presente se vive en diferido. El futuro es lo más incierto que el lenguaje pudo haber denominado. Ningún ser racional es capaz de prevenir el futuro, no se previene, se espera, en todo caso se aguarda de diferentes maneras. Es cierto que podriamos influir en el futuro, pero seria imposible controlar esa cadena de acontecimientos que se producen como consecuencia de esa accion influyente. El futuro es lo que nos moviliza, lo que nos preocupa, entonces ya no es futuro, es pasado aplicado al presente.
Conclusión
El tiempo queda trazado en un camino individual, queda atrapado en una partitura, en una foto, en una mirada o en algun otro gesto. Lo cierto es que para avivar el fuego que esconde el tiempo en nuestras almas debemos acercarnos a esas pequeñas cosas y preguntarnos que somos y cuanto valen para nosotros, sin importar cuando lo valen. El tiempo es el transcurso de una vida completa, no se puede dividir, es un todo que se nos aparece como un horizonte desde los tres costados, atrás (pasado), arriba (presente) y delante de nuestras narices (futuro). El tiempo es una excusa que utilizamos para justificar todos los hechos de nuestras vidas. El reloj es absurdo, solo nos marca cuanto paso y cuanto falta. La vida se mide por hechos, no por tiempo. ¿Cuanto tiempo falta para comprendernos?
Cuando cae la noche, me gusta quedarme solo con el mate y disparar hacia algunos lados dentro de la misma habitación de siempre. A veces escribo, a veces toco el piano, otras, veo alguna película que tengo postergada. La lectura me elige para que la lea cuando ella lo decida, nunca supe forzarla, como en casi todas mis conductas.